miércoles 2 de febrero de 2011

Presentación Movistar

La zona está abarrotada de coches, la única forma de aparcar es subirse a un descampado y buscar un hueco. Enormes edificios acristalados nos imponen su presencia. ¿Dónde estará el auditorio? Recurro a una garita con vigilante dentro. Sigue hasta las banderas, continúa por un firme que hace cuesta abajo y a la derecha. Cinco minutos andando. Aparecen los nuevos coches del pelotón y el autobús: azul con sus “m” verde fosforito. Bien, aquí es. Llevo la cámara, el bloc, las preguntas preparadas, vamos a ver qué charla nos sueltan, a saludar a los que vemos siempre en todo “sarao” ciclista, a “secuestrar” a algún ciclista para que me cuente cositas para artículos venideros… lo habitual. ¿De qué medio vienes? De Pedalier, Pedalier Pro. A ver… sí, aquí estás, aquí tienes. Carpeta con la nota de prensa. Vamos dentro.


Y nada más entrar… retrocedo como 28 años en el tiempo. Sí, si, 28, habéis leído bien. Ya, ya lo sé, ya peino canas teñidas. Ahí están Pedro, Julián y Jose Luis, mis tres ciclistas favoritos en la adolescencia. Delgado, Gorospe, Laguía. No era la primera vez que coincidía con ellos pero nunca con los tres juntos en el mismo sitio. No puedo creerlo. Los tres. De repente desapareció mi carrera de psicología, mi máster en psicología del deporte, mis colaboraciones en revistas y volví a ser aquella chavalilla que vio un día el nombre de “Laguía” repetido varias veces en algo que se llamaba premio de la montaña en cierta vuelta que se daban los ciclistas por toda la geografía española. Tanto me llamó tanto la atención que empecé a seguir los resúmenes. El famoso Laguía pegaba hachazos en todo puerto que se le ponía por delante y dejaba tirados a los demás. Al año siguiente, ese histórico 1983, fue cuando empezaron las retransmisiones en directo de la Vuelta y cierto ciclista rubio, rubísimo, y muy joven (“sólo tengo 23 años” le oí decir, vestido de amarillo), se le subía a las barbas al todopoderoso Hinault. Mis compañeras de colegio por aquel entonces suspiraban por cantantes que a mí me parecían ñoños y cargantes, nada que ver con esos muchachos que se dejaban la piel sobre las carreteras y encima, mira tú, si hasta había uno guapo. Me he enterado hoy de que le llamaban el “bonito del norte” y me ha dado la risa.

Ese mismo año aquel equipo azul, como vuelve a serlo, sólo que entonces con franjas a distintos tonos y ahora con una especie de red bajo la axila derecha, tenía la desfachatez (eso decían en la prensa) de ir al Tour. Recuerdo todavía las críticas que recibieron mis entonces ídolos Laguía y Gorospe, junto con Vilamajó, por atragantárseles el Tourmalet y volverse a casa. Delante, en cambio, un tal Delgado se lanzaba a tumba abierta en el último puerto, el Peyresourde, en pos del escocés del pendiente (ahora escocesa) Robert Millar. Le fou des Pyrénées. Y para poner la guinda, Arroyo se subió al segundo peldaño del pódium en París, tras el polémico ex gregario de Hinault, Laurent Fignon (qepd). El primer peldaño del ciclismo hacia la élite de nuestro deporte.

La presentación empezó. He de reconocer que tengo que hacer un esfuerzo por escuchar cuando se sube un ejecutivo a hablar, tengo la sensación de que todos dicen lo mismo. Pero esta vez no. Luis Abril, Secretario General Técnico de Presidencia de Telefónica (jopé que largo) comentó que le llamó el mismísimo presidente, César Alierta, para preguntarle si se había enterado de que el Caisse d’Epargne se había retirado como patrocinador. Abril contestó “sí, lo sé”. “¿Y no te parece que no debería ser así?” “Bueno, me parezca lo que me parezca es así” y entonces le dio una orden clarísima: “fíchales”. Una instrucción tan sencilla servía para rescatar al equipo más histórico de nuestro ciclismo. Ya está. Unzué y sus chicos siguen en el pelotón. La consigna, la misma de Reynolds, Banesto, Illes Ballears, Caisse d’Epargne: hacer las cosas con tranquilidad pero bien, no os exigimos resultados, pero sí dar lo mejor de vosotros mismos y honrar a la marca que representáis.

El ciclismo ha cambiado mucho desde aquel año 83. Tras mi regresión en el tiempo, y hablando con esas viejas glorias te das cuenta de lo que fue y lo que es ahora. Antes apenas había triunfos españoles, ni siquiera en la Vuelta, las clásicas prácticamente ni existían para los equipos nacionales y cuando Perico ganó el Tour parecía lo máximo a lo que podíamos aspirar. Quién nos iba a decir que luego vendrían los Indurain, Pereiro, Contador, Sastre, Somarriba… y los Freire, Olano, Valverde, Samu… a ganar clásicas, campeonatos del mundo y hasta la medalla de oro olímpica. Cuando más resultados tiene el ciclismo, menos patrocinadores. Y muchos de los que llegan exigen victorias desde ya para justificar esa inversión. La avaricia empresarial es una constante hoy día. Pero siempre quedan románticos. El primero anda por tierras vascas, patrocinado por, curiosamente, otro operador de telefonía, y por un organismo público. El segundo sigue en pie a pesar del desgaste de los años. Eso sí que no ha cambiado. Y ojalá sea cierto lo que han dicho hoy y tengan paciencia, que seguro que estos chicos van a dar lo mejor de sí mismos, como esperan.

Yo, al menos, he vuelto a sentir esa tremenda ilusión de hace 28 años, como si hubiera entrado en la máquina del tiempo. Es increíble lo que el cerebro puede recordar y evocar ¿verdad? Y lo dice una psicóloga… espero con estas líneas haber compartido con vosotros esa ilusión.